A veces
soñar con las más poderosas osadías realizadas por nuestros débiles sentidos es
un vicio común entre los débiles e impotentes, pero, el espíritu del héroe, del
superhéroe, una esencia necesaria para darnos la esperanza de un mejor ahora,
de un mejor yo.
La gente dirá:
"mira ahí va otro inmaduro que se la pasa viendo películas de niños y leyendo
muñecos", los gustos, algunos de ellos simplemente esconden la fascinación
incierta y profunda de mensajes eternos de provechosas moralejas en forma de épicas
batallas hechas por espectaculares seres de mundos fantásticos camuflando a simple
vista el imaginario humano de una realidad distorsionada cada día mas por la corrupción
de los poderosos.
Oh Héroe,
oh súper niño interno, tu que alimentas mi alma, tu que me das el poder de
volar sobre los corruptos, tu que me das la fuerza sobrehumana para golpear a
la soberbia de la mediocridad de un día a día, tu que me diste el don de
pensar, de soñar, de imaginar las sobre extensiones de una vida llena de
superhabilidades y altruismo casi perpetuo.
La inspiración
absoluta de aquellos héroes de antaño, de los nuevos, no es más que un capricho
infantil, si, infantil como el berrinche de un niño cuando quiere algo o igual
de infantil que la nostalgia de recibir el regalo anhelado, el anhelo del súper
héroe, la admiración cósmica de creer que si es posible un mundo mejor,
que el bien siempre estará equilibrado en el héroe lleno de poder, la maldad en
el villano y el equilibrio en el indiferente antihéroe... solo perfiles de la
humanidad, los más básicos, los elementales, los necesarios.
Las
filosofías de los héroes de historietas trascienden más allá de meras cuestiones
frikis o inmaduras, cae en cuestiones de culto, de filosofía de vida,
motivaciones supremas que nos llenan de poder, de querer y saber hacer las
cosas con rectitud. El súper poder más valioso el aquel de admirar la
existencia en su máximo esplendor y aprender de ella como la maestra absoluta
de nuestros sentidos nos permite disfrutar de lo ínfimo a lo macro, nos permite
ver más allá al otro con ojos de comprensión y nos permite ir al infinito con
actos de ayuda verdadera.
Al final
de todo lo aquí escrito, me doy cuenta que solo soy un niño eterno encerrado en un
cascaron obsoleto y frágil al tiempo, pero duro con el espacio, soy un humano
pequeño con ínfulas de ser sobrenatural, metahumano, plus ultra... soy solo un
niño, un superniño.
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